Preguntas clave: La salud cerebral en el envejecimiento

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¿Qué factores influyen realmente en la salud del cerebro a medida que envejecemos? ¿Cuáles pueden modificarse y cuáles no?

Las preguntas que recogemos a continuación surgieron durante la Másterclass “Factores potencialmente modificables en la salud cerebral en el envejecimiento”, impartida por el investigador Joan Sebastián Arbeláez Caro dentro del programa de actividades del Instituto Raimon Gaja. Todas ellas fueron planteadas por las personas asistentes a la charla.
 

¿Qué se entiende por demencia y por qué no es lo mismo que envejecer?

Envejecer no implica por sí mismo demencia. Ni siquiera implica necesariamente deterioro cognitivo. Es posible envejecer de forma exitosa.

La demencia aparece cuando se afectan varios dominios neurocognitivos y, sobre todo, cuando se produce una pérdida de funcionalidad. Este criterio es clave desde el punto de vista clínico.

Cuando hay pérdida funcional en la vida cotidiana, por ejemplo, cuando la persona ya no puede preparar su comida o realizar tareas que antes hacía de forma autónoma, aparece la sospecha clínica.

El diagnóstico requiere un trabajo fino por parte del equipo médico, especialmente desde neurología, para diferenciar qué tipo de demencia puede estar ocurriendo. Por eso, no es correcto asociar envejecer con demencia. Son procesos distintos.

Hoy se habla de diagnósticos clínicos realizados en vida, apoyados en pruebas y biomarcadores. Aunque históricamente la confirmación definitiva era post mortem, el abordaje clínico actual es real y útil antes de ese momento.
 

Cuando hablamos de envejecimiento cerebral, ¿se puede estimar un porcentaje real de personas que desarrollan alzhéimer?

No existe un porcentaje único. Para hablar de tasas sería necesario definir desde qué punto se parte (envejecimiento normal, deterioro cognitivo leve, etc.) y analizar trayectorias individuales.

Cuando un equipo médico concluye que existe un cuadro compatible con alzhéimer, lo habitual es que la persona haya pasado por fases previas, que en algunos casos se manifiestan como deterioro cognitivo.

Más que preguntar “¿a cuántas personas les pasa?”, la propuesta es cambiar el foco hacia: “¿Cuál es el perfil de riesgo de esta persona y qué factores se pueden modificar?”.
 

¿Hay relación entre TDAH, demencia o alzhéimer?

Es un campo de investigación abierto. En muchos países el TDAH en adultos está infrarregistrado: aparecen tasas altas en la infancia y luego parece “desaparecer” en la edad adulta, lo cual no refleja la realidad clínica.

Esta falta de datos dificulta confirmar con evidencia sólida algunas hipótesis. Sin embargo, por las características neurocognitivas y ejecutivas implicadas, resulta razonable plantear que el TDAH podría interactuar con el riesgo o con determinadas trayectorias de deterioro cognitivo.

Se trata de una línea de investigación especialmente prometedora.
 

¿Cómo puede la IA (modelos generativos) ayudar a la prevención o a la intervención en demencia o deterioro cerebral?

Actualmente, una de las principales aportaciones de la IA es la fenotipificación: la capacidad de analizar combinaciones de factores individuales y biomarcadores para llegar a diagnósticos más rápidos y precisos.

Aunque se han propuesto numerosos biomarcadores, el foco actual está en aquellos que sean más efectivos y sencillos, como algunos marcadores en sangre, junto con otras vías en investigación. El objetivo es mejorar la predicción temprana del riesgo y facilitar intervenciones preventivas más precoces.

El contexto también es clave. No es lo mismo fenotipificar en una región que en otra. La IA permite una subclasificación más afinada según variables geográficas y socioculturales, mejorando los modelos predictivos.

Además, contribuye a optimizar modelos de intervención, por ejemplo, en neurofeedback o en programas de estimulación, ajustando qué necesita cada persona para rendir mejor en memoria, control inhibitorio u otras funciones.
 

Como cuidador o cuidadora, ¿qué herramientas pueden ayudar a mejorar memoria y motivación?

Más que ofrecer una lista cerrada de tareas, la recomendación principal es que la estimulación sea individualizada, idealmente orientada por un gerontólogo o un equipo especializado que pueda ajustar actividades concretas.

Dicho esto, funcionan especialmente bien las herramientas con validez ecológica, es decir, aquellas integradas en la vida cotidiana. Un ejemplo sencillo es seguir una novela, ya sea leyendo o en televisión. Esta actividad estimula memoria operativa, memoria secuencial y comprensión, y además mantiene la motivación al no vivirse como una “tarea escolar”, sino como una experiencia significativa.
 

¿Aprender idiomas puede ayudar a reducir el riesgo de demencia?

Sí, y cada vez con mayor respaldo teórico. Desde las neurociencias del lenguaje se ha estudiado cómo un segundo idioma puede actuar como factor protector.

No solo activa redes neuronales adicionales respecto a una persona monolingüe, sino que también se asocia con regulación emocional y con el concepto de reserva cognitiva.
 

¿Funcionan las apps de entrenamiento cognitivo?

Funcionan en la medida en que exista constancia. Sin embargo, más allá de la app concreta, lo central es revisar los factores potencialmente modificables y preguntarse cuál de ellos conviene trabajar.
 
Algunos ejemplos:

  • Aprender un segundo idioma.
  • Realizar actividad física, siempre mayor que cero y, cuando es posible, incorporando cierto componente de rendimiento adaptado.
  • Buscar actividades de memoria que supongan un reto real: aprender una habilidad nueva, programar, construir algo o enfrentarse a tareas con objetivos claros y nivel de desafío.

 

Entre los estímulos cognitivos, ¿hay alguno especialmente útil?

Aquellos que implican un reto sostenido: atención, memoria de trabajo y motivación.

El aprendizaje de un segundo idioma resulta especialmente interesante en cualquier etapa de la vida. Otro factor a menudo subestimado son las relaciones sociales desafiantes. No se trata solo de “ver gente”, sino de exponerse a nuevos contextos, conversaciones y normas sociales. Todo ello exige un alto trabajo cognitivo y estimula el cerebro de forma intensa.
 

¿Eres psicólogo, médico o psiquiatra?

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Accede a la ponencia completa y a las preguntas de los asistentes:

Revisado y aprobado por Ismael Fuentes, Director Cátedra Logopedia iRG
Escrito por Redacción iRG

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