Durante décadas, la comprensión del trastorno del espectro autista (TEA) se ha construido principalmente a partir de muestras masculinas. Esto ha generado un sesgo diagnóstico que afecta de manera directa a niñas y mujeres, dando lugar a una infradiagnosis persistente y a diagnósticos erróneos que se arrastran durante años. Como profesionales de la salud mental, es fundamental revisar en qué nos fijamos, qué interpretamos como “normal” y qué estamos pasando por alto, especialmente en el fenotipo femenino del autismo.
Este artículo pretende ofrecer claves clínicas concretas para mejorar la detección del autismo en mujeres, poniendo especial énfasis en la infancia, sin perder de vista su evolución en la adolescencia y la adultez.
Más allá de la “niña tímida”
Uno de los errores más frecuentes en la evaluación temprana es atribuir las dificultades sociales y emocionales de las niñas a la timidez. En contextos escolares, es habitual que profesorado y profesionales observen ciertas señales, pero las interpreten como rasgos de personalidad.
Sin embargo, conviene observar con mayor detalle:
- Presencia física en el grupo sin participación real: muchas niñas no están aisladas, pero tampoco interactúan activamente. Están cerca del grupo, pero no logran integrarse ni establecer vínculos profundos.
- Dificultades para crear y mantener amistades: pueden aparecer en determinados espacios (clase, actividades extraescolares), pero las relaciones no se sostienen fuera de ellos.
- Conductas sociales aparentemente desinhibidas: en algunos casos, se acercan a personas desconocidas sin calibrar límites sociales, lo que puede resultar llamativo, pero no siempre se identifica como una dificultad social.
A diferencia de lo que ocurre con muchos niños autistas, no es habitual encontrar a niñas completamente aisladas. Esto contribuye a que pasen desapercibidas. Además, una vez se observa, se normaliza por expectativas socioculturales asociadas al género.
Síntomas internalizantes y desbordes emocionales en casa
Un aspecto clave del autismo femenino en la infancia es la disociación entre el comportamiento en la escuela y en el hogar. Muchas niñas presentan:
- Un comportamiento aparentemente “normativo” en el entorno escolar.
- Crisis emocionales intensas al llegar a casa: llantos inconsolables, angustia intensa, berrinches prolongados sin una causa clara.
Estas manifestaciones suelen desconcertar a las familias, que no logran identificar el origen del malestar, especialmente cuando la niña no puede verbalizarlo. Este patrón suele interpretarse como problemas de regulación emocional aislados, sin profundizar en una posible base neurodivergente.
Amistades exclusivas, ingenuidad y vulnerabilidad
Es frecuente observar relaciones de amistad muy intensas, exclusivas y excluyentes, centradas en una sola persona. Estas niñas suelen mostrarse:
- Más complacientes.
- Más ingenuas.
- Con una necesidad elevada de agradar.
Este perfil las hace especialmente vulnerables a situaciones de acoso y abuso, tanto escolar como sexual, que en muchos casos se normalizan y no se identifican como tales hasta etapas posteriores de la vida.
Juego, fantasía y rigidez cognitiva
Aunque el juego en niñas autistas puede parecer simbólico, en muchos casos es más organizativo que flexible. Es cierto que suelen mostrar:
- Un mundo de fantasía amplio y elaborado.
- Intereses intensos integrados en ese juego.
Sin embargo, esta fantasía suele ser rígida e inflexible, y en algunos casos existe dificultad para diferenciar fantasía de realidad, algo que puede pasar desapercibido si solo se observa la forma y no el contenido del juego.
Lenguaje, imitación social y camuflaje temprano
Las niñas suelen presentar mejores habilidades lingüísticas e imitación social, lo que facilita el camuflaje desde edades muy tempranas. Esto provoca que:
- Solo “llamen la atención” cuando se desregulan emocionalmente.
- Se interpreten sus dificultades como timidez, ansiedad o problemas emocionales aislados.
En consecuencia, no se explora de manera profunda la presencia de dificultades nucleares del espectro autista.
En la adultez: cuando el coste del camuflaje se hace visible
En mujeres adultas, el autismo suele manifestarse más en el malestar subjetivo que en la conducta observable. Es frecuente encontrar:
- Sensación persistente de falta de control en las relaciones sociales.
- Capacidad para identificar estados emocionales ajenos, pero dificultad para responder de forma prosocial espontánea.
- Preparación exhaustiva de guiones mentales antes y después de los encuentros sociales.
Externamente, pueden parecer mujeres socialmente competentes, pero internamente existe un esfuerzo constante y agotador para sostener esa imagen.
Este camuflaje sostenido suele asociarse a:
- Perfeccionismo.
- Intolerancia al error.
- Alto sentido de la justicia social.
- Desgaste físico y emocional significativo.
Muchas llegan a consulta tras años de diagnósticos parciales, sin que se haya abordado el núcleo del problema.
Diagnósticos erróneos y comorbilidades frecuentes
Es habitual que estas mujeres reciban diagnósticos como:
- Ansiedad social.
- TDAH.
- Trastornos del estado de ánimo.
- TLP.
Si bien estas condiciones pueden coexistir con el autismo, no siempre explican el cuadro completo o es erróneo. Es fundamental diferenciar:
- Impulsividad real vs. dificultades en el seguimiento de turnos conversacionales.
- Déficit de atención vs. hiperfoco con dificultades de redirección.
- Conducta adolescente típica vs. imitación social como estrategia de supervivencia.
Limitaciones de las herramientas diagnósticas actuales
Las herramientas clásicas de evaluación (como el ADOS) resultan insuficientes para captar el fenotipo femenino, debido al alto nivel de camuflaje. Por ello, es recomendable complementar la evaluación con instrumentos como:
- CAT-Q: evaluación del camuflaje.
- GQ-AS: orientado al fenotipo femenino del autismo.
- GAPS: escala complementaria al ADOS.
- Entrevistas clínicas y familiares profundas, centradas en el desarrollo y la experiencia subjetiva.
Si nos basamos exclusivamente en los criterios diagnósticos actuales, seguiremos dejando fuera a muchas niñas y mujeres.
Un ejemplo clínico frecuente
Casos como el de adolescentes con buen rendimiento académico, intereses intensos, agotamiento social, crisis emocionales en casa y relaciones sociales superficiales son habituales en consulta. Cuando estos perfiles se interpretan únicamente como ansiedad o TDAH, se pierde la oportunidad de ofrecer una comprensión integral y un acompañamiento adecuado.
Conclusión
El autismo femenino no es una versión “leve” del autismo masculino, sino una expresión diferente, con estrategias adaptativas específicas que esconden un alto coste personal. Como profesionales, necesitamos mirar más allá de la apariencia, cuestionar nuestras hipótesis iniciales y escuchar con mayor profundidad las historias de vida.
Diagnosticar a tiempo no etiqueta: protege, explica y reduce sufrimiento.
Bibliografía recomendada
- Mujeres y autismo. La identidad camuflada. María Merino Martínez. Editorial Altaria.
- Guía de buenas prácticas en niñas, adolescentes y mujeres con trastorno del espectro del autismo. M. Merino, C. D’Agostino, V. de Sousa, A. Gutiérrez, P. Morales, L. Pérez, O. Camba, L. Garrote y C. Amat. AETAPI profesionales del autismo. Descargable en: https://aetapi.org/download/guia-de-buenas-practicas-en-mujeres-con-tea/?wpdmdl=5661&refresh=6968aed7701311768468183
- Recomendaciones para la detección y el diagnóstico del trastorno del espectro del autismo en niñas y mujeres. Confederación Autismo España. Descargable en: https://autismo.org.es/wp-content/uploads/2018/09/2021_deteccionydiagnosticomujeres_autismoespana.pdf
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Este artículo está basado en la Masterclass: “Mujeres neurodivergentes: invisibilidad de mujeres con autismo” dictada por la psicóloga, Sandra Rodríguez Díaz, dentro del Programa de Actividades del Instituto Raimon Gaja (iRG). Accede al contenido completo aquí:
Conoce a Sandra Rodríguez
- Psicóloga en diferentes espacios privados, fundaciones y centros médicos.
- Ha diseñado programas de formación clínica y psicoeducativa en atención primaria, así como acciones formativas para docentes y profesionales que trabajan con alumnado neurodivergente desde infantil hasta etapas posobligatoria.
- Docente en iRG.







