La siguiente lista de preguntas ha sido extraída de la Masterclass «Puente hacia la empatía: cómo mejorar la competencia socioemocional del alumnado en Educación Primaria», impartida por la pedagoga y maestra de Educación Primaria, María Jiménez, dentro del programa de actividades del Instituto Raimon Gaja. Las cuestiones recogidas fueron planteadas por los profesionales y estudiantes asistentes a la sesión.
1. Cuando hablamos de educación socioemocional, ¿por dónde empezamos realmente en el aula?
Lo primero es mirar de frente la realidad educativa. Las aulas no son homogéneas ni ideales, y rara vez coinciden con la imagen que tenemos antes de empezar a dar clase. Hay diversidad cultural, distintos ritmos de aprendizaje, necesidades educativas específicas y contextos personales muy diferentes.
Esa diversidad, que a veces abruma, es precisamente la mayor riqueza del trabajo docente. El punto de partida no es aplicar recetas, sino adaptarnos a lo que tenemos delante, observar y aprender del grupo.
Siempre digo que son los alumnos y las alumnas quienes me enseñan a ser mejor docente. El clima de convivencia depende en gran medida del rol que asumimos como profesores. Crear vínculo es imprescindible: que el alumnado se sienta visto, importante, seguro. Para muchos niños y niñas, el docente es una figura de referencia clave, y cualquier palabra puede dejar huella. Por eso, el uso del lenguaje y el tono no es un detalle menor, es una responsabilidad educativa.
El punto de partida no es aplicar recetas, sino adaptarnos a lo que tenemos delante, observar y aprender del grupo.
2. ¿Qué dificultades emocionales son más frecuentes hoy en las aulas y cómo afectan al aprendizaje?
Hay varios elementos que se repiten con mucha frecuencia. Uno de ellos es la dificultad para mantener la atención. Les cuesta concentrarse, sostener el foco y escuchar de forma activa. La escucha, de hecho, es una de las grandes asignaturas pendientes.
También aparece un egocentrismo natural, propio del desarrollo infantil, que no es negativo en sí mismo, pero que necesita acompañamiento para que el alumnado entienda que los demás también importan.
Y, por supuesto, están los conflictos. Muchas veces llegamos al aula con una sesión planificada y todo salta por los aires porque hay que resolver un problema relacional. Si el conflicto no se aborda y queda enquistado, el aprendizaje académico no puede avanzar de forma óptima. La emoción bloqueada ocupa el espacio del aprendizaje.
Trabajar el bienestar emocional y el clima del aula es la base.
3. ¿Por qué la empatía es un eje central cuando trabajamos con alumnado diverso?
Porque la empatía cambia la mirada. Cuando se trabaja de forma intencionada, el alumnado empieza a escuchar mejor, a ponerse en el lugar del otro y a comprender que sus acciones tienen impacto.
Todo esto se puede entrenar. No es innato ni automático, pero sí profundamente educativo.
4. ¿Cómo se puede trabajar la educación emocional sin añadir más carga al currículo?
Integrándola en lo que ya hacemos. En mi caso, al trabajar en un centro bilingüe y ser profesora de inglés, decidí incorporar la educación socioemocional a través de un álbum ilustrado bilingüe. No se trata de “sacar tiempo”, sino de darle sentido a lo que ya ocurre en clase. También se podría integrar la educación socioemocional en las sesiones de tutoría, o incluso trabajarla desde áreas troncales como la asignatura de Lengua, con el mismo enfoque que se puede aplicar en la asignatura de Inglés.
5. ¿Qué papel juegan los materiales accesibles y los distintos canales de aprendizaje?
Un papel clave. El aprendizaje emocional no puede depender solo del lenguaje verbal. Es importante utilizar apoyos visuales, materiales accesibles y múltiples vías de entrada a la información. Esto es especialmente relevante en contextos de dificultades del aprendizaje, donde la accesibilidad no es una opción, sino una necesidad.
6. ¿Cómo evaluar la competencia socioemocional sin caer en exámenes o etiquetas?
A través de una evaluación formativa, basada en la observación sistemática y el feedback constante. No se trata de poner notas a las emociones, sino de acompañar procesos. Una herramienta muy valiosa es el diario de emociones y aprendizaje, que permite reflexionar, volver sobre experiencias vividas y seguir construyendo conciencia emocional a lo largo del curso.
7. ¿Qué propuestas sencillas recomendarías a futuros docentes para empezar?
Algunas ideas fáciles de adaptar:
- El espejo emocional, donde un niño imita la expresión del otro.
- La caja de los sentimientos,con imágenes para iniciar conversaciones.
- El peluche parlante, que regula turnos y fomenta la escucha.
- Dilemas cotidianos, para reflexionar sobre cómo actuar ante conflictos reales.
No hace falta empezar con grandes programas. A veces, pequeños gestos sostenidos en el tiempo generan grandes cambios.
8. Una reflexión final…
Como educadores, tenemos una responsabilidad enorme: formar buenas personas, no solo estudiantes competentes. El bienestar no siempre se construye en contextos fáciles; muchas veces aparece después de la adversidad. Aprender a gestionar las emociones, aceptar las dificultades y crecer a partir de ellas es una de las mayores herencias que podemos dejar.
Como señala la neurocientífica Nazareth Castellanos, la empatía es un puente invisible que nos transforma y nos conecta. Cuidemos ese puente desde la escuela.
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