¿Qué factores sociales, culturales y diagnósticos explican la invisibilidad del autismo en mujeres? ¿Cómo realizar una evaluación clínica completa y diferencial en mujeres?
Las preguntas que recogemos a continuación surgieron durante la Másterclass “Mujeres neurodivergentes: invisibilidad de mujeres con autismo”, impartida por la psicóloga, Sandra Rodríguez Díaz, dentro del programa de actividades del Instituto Raimon Gaja. Todas ellas fueron planteadas por las personas asistentes a la charla.
¿Existen factores sociales o culturales que contribuyan a la invisibilidad del autismo en mujeres?
Sí. Uno de los principales factores son las expectativas de género. En muchas culturas se espera que las mujeres sean tranquilas, complacientes, tímidas y emocionalmente contenidas, conductas que pueden ocultar dificultades sociales o comunicativas sin levantar sospechas.
Además, los modelos diagnósticos han sido históricamente androcentristas. Los criterios y herramientas de evaluación se basan en estudios realizados mayoritariamente con población masculina, por lo que detectan mejor una expresión masculina del autismo. Las presentaciones más sutiles, internalizadas o socialmente aceptadas, más frecuentes en mujeres, suelen pasar desapercibidas.
Si una mujer tiene contacto visual, pareja o amistades, ¿puede tener autismo?
Sí. La presencia de contacto visual o relaciones sociales no excluye el autismo. En mujeres con alto camuflaje es frecuente que estas conductas estén muy trabajadas y sostenidas a costa de un gran desgaste emocional. Lo relevante es analizar la espontaneidad, el esfuerzo, la necesidad de guiones y el impacto posterior, como el agotamiento extremo o los colapsos.
Para realizar un diagnóstico adecuado, ¿es imprescindible contar con la información de la familia o personas cercanas, o puede basarse solo en la narrativa de la persona?
El diagnóstico de autismo es clínico y no existe un requisito obligatorio de contar con información familiar. Sin embargo, siempre que es posible, la información de la familia resulta muy útil, especialmente para reconstruir el desarrollo infantil y detectar patrones tempranos que la persona adulta puede no recordar.
Hay situaciones en las que no es posible recurrir a la familia, ya sea por mala relación, ausencia de contacto o historia de abuso. En estos casos, el diagnóstico puede y debe basarse en la información que aporta la propia persona. También pueden utilizarse fuentes alternativas como amistades, parejas, informes escolares, vídeos, fotografías o documentos antiguos.
La clave es integrar toda la información disponible y valorar la coherencia del patrón a lo largo del desarrollo, teniendo en cuenta especialmente el camuflaje y las estrategias compensatorias, muy frecuentes en mujeres.
Además de los test psicológicos, ¿qué aspectos deben considerarse para un diagnóstico clínico completo?
Lo fundamental es la información clínica obtenida mediante una entrevista profunda. Esto incluye una historia vital detallada: infancia, relaciones, estudios, trabajo, experiencias sociales, intereses, rigidez cognitiva, sensorialidad, estrategias de afrontamiento y autorregulación.
Se utilizan entrevistas semiestructuradas basadas en criterios diagnósticos y escalas de observación, así como ejemplos concretos que permitan entender cómo se manifiestan las dificultades en la vida cotidiana. Las pruebas estandarizadas pueden ser útiles, pero no deben ser el eje central, especialmente en mujeres con alto camuflaje, que pueden no puntuar en herramientas clásicas.
¿Qué opinión tienes sobre la tendencia a evitar las etiquetas diagnósticas, aunque el diagnóstico aporte alivio a muchas mujeres con autismo?
Más que un rechazo a las etiquetas, existe una crítica al modelo categorial rígido, que no refleja bien la realidad dimensional de las personas. Los rasgos existen en un continuo y no siempre encajan perfectamente en categorías cerradas.
Aun así, el diagnóstico tiene una función clínica y administrativa clara, ya que permite acceder a apoyos y recursos. Además, en muchas mujeres tiene un valor terapéutico importante: da sentido a experiencias de sufrimiento prolongado, confusión e invalidación, y permite resignificar la propia historia.
El reto actual es avanzar hacia una comprensión más dimensional sin perder de vista que el sistema de apoyos sigue dependiendo, en gran medida, de diagnósticos categoriales.
¿Por qué el autismo en mujeres se confunde con el trastorno límite de la personalidad? ¿Tiene que ver con la regulación emocional?
La desregulación emocional es uno de los principales motivos de confusión. Muchas niñas no llaman la atención hasta que aparecen crisis emocionales intensas, colapsos o autolesiones, que pueden interpretarse como impulsividad o inestabilidad afectiva.
Además, existen solapamientos aparentes: rigidez cognitiva, pensamiento dicotómico, sentimientos de vacío y una historia de incomprensión o invalidación. Si no se investiga el origen de estas manifestaciones (camuflaje prolongado, sobrecarga sensorial, dificultades sociales persistentes) es fácil llegar a un diagnóstico erróneo, especialmente cuando hay autolesiones.
¿Cómo diferenciar a una mujer con autismo de una mujer con altas capacidades, si ambas pueden presentar desarrollo asincrónico y dificultades sociales?
Ambos perfiles pueden compartir alta sensibilidad, rigidez cognitiva y ciertas dificultades sociales. La diferencia principal está en la comunicación y la interacción social: en el autismo existen dificultades nucleares y persistentes en estas áreas, junto con patrones restringidos o repetitivos.
En las altas capacidades, el rasgo central es un rendimiento cognitivo significativamente superior a la media, confirmado mediante evaluación específica. Puede haber malestar social o emocional, pero no necesariamente el patrón estructural propio del autismo.
¿La perimenopausia puede hacer visibles rasgos de neurodivergencia en mujeres que nunca fueron diagnosticadas?
Sí. Muchas mujeres reciben un diagnóstico tardío durante la perimenopausia. Esta etapa implica cambios hormonales importantes y suele coincidir con transformaciones vitales relevantes. Todo ello puede provocar desregulación emocional y sensorial, aumentando el cansancio, la irritabilidad, la ansiedad o los colapsos.
Dificultades que antes estaban compensadas o no interferían de forma significativa pueden dejar de ser sostenibles. El resultado es que rasgos que siempre estuvieron presentes se hacen visibles y generan malestar suficiente como para motivar una consulta clínica.
¿Eres psicólogo o estudiante de psicología?
Te interesa nuestro
No te pierdas
Accede a la ponencia completa y las preguntas de los asistentes:







