La era digital ha transformado el acceso al conocimiento y la sexualidad, pero también ha traído nuevos desafíos clínicos. Uno de ellos es el consumo masivo de pornografía, que representa una de cada cuatro búsquedas en Google y el 35% de las descargas web (El Día, 2022). En consulta, observamos cada vez con más frecuencia la relación entre el uso compulsivo de este material y la disfunción eréctil, con impacto en la salud sexual y el vínculo de pareja.
Este artículo analiza los mecanismos que sostienen esta comorbilidad y propone un modelo de intervención desde la sexología clínica, dirigido a profesionales y estudiantes que buscan herramientas eficaces para abordarla con sensibilidad y rigor.
¿Qué es la adicción a la pornografía?
Desde mi práctica clínica, entiendo la adicción no como un diagnóstico cerrado, sino como un signo, una señal, un síntoma de angustia. Es un lenguaje que nos habla de una situación difícil que necesita ser comprendida antes que juzgada.
Como profesionales, nuestra tarea no es emitir juicios, sino comprender, con pensamiento crítico, para poder ayudar.
En este marco, abordamos la adicción a la pornografía como una de las manifestaciones más frecuentes del comportamiento sexual compulsivo (CSC), especialmente en la era digital.
Este tipo de comportamiento, también conocido como trastorno de la hipersexualidad o adicción sexual, se caracteriza por una concentración persistente e incontrolable en fantasías, impulsos o conductas sexuales que generan sufrimiento y afectan significativamente la salud, el rendimiento laboral, las relaciones familiares, sociales y de pareja.
¿Qué síntomas observamos con mayor frecuencia?
Solemos encontrar pacientes cuyas fantasías sexuales son reiteradas, intensas y difíciles de controlar. Tras el consumo, suelen aparecer sentimientos de culpa, vergüenza y malestar. El impulso por repetir estas conductas es frecuente, y aunque el alivio es momentáneo, rápidamente se transforma en un nuevo ciclo de tensión y culpa.
Las conductas sexuales compulsivas pueden ocupar 2, 3 o 4 horas al día, muchas veces en la intimidad del hogar o incluso en el trabajo.
Muchos pacientes han intentado sin éxito reducir o controlar estos impulsos. Paradójicamente, el esfuerzo por contenerlos puede intensificar aún más el deseo de consumo.
En muchos casos, la conducta sexual compulsiva funciona como una vía de escape frente a emociones difíciles como la soledad, la ansiedad, el estrés o la tristeza. Es común que, ante la falta de comprensión en la pareja o la dificultad para expresar lo que sienten, algunas personas recurran a estas conductas como forma de compensación o búsqueda de validación. Sin embargo, esto suele profundizar el malestar, generando un círculo vicioso de incomprensión y consumo, incluso cuando ya se han producido consecuencias graves en su vida personal o relacional.
¿Por qué el contenido para adultos se ha vuelto tan habitual?
Aunque la pornografía existe desde hace décadas, su consumo ha cambiado radicalmente con la llegada de internet y los dispositivos móviles
Antes de la era digital, acceder al contenido para adultos implicaba ir al quiosco, al videoclub o conseguir revistas específicas.
Hoy, en cambio, está al alcance de cualquiera, en cualquier momento y lugar. Por eso, en mi práctica clínica suelo hablar de las tres “aes” del porno:
- Accesibilidad: se refiere a que el contenido pornográfico está disponible siempre que se quiera, donde se quiera, sin importar el país o la hora. Basta con tener conexión a internet y un dispositivo móvil para acceder a él con un solo clic.
- Asequibilidad: implica que la mayoría del consumo es gratuito. Con las tarifas planas y los datos ilimitados, el acceso no representa un gasto económico significativo.
- Anonimato: es quizás el más determinante, permite que el usuario no tenga que exponerse públicamente, pues ya no es necesario registrarse, ni dar datos personales, ni acudir a lugares físicos.
¿Cuándo nos referimos a una patología?
No todo consumo elevado de pornografía constituye una adicción, ni toda dificultad eréctil está vinculada a ella. Sin embargo, cuando las fantasías, impulsos o conductas sexuales se tornan incontrolables, estamos ante un cuadro que requiere atención profesional especializada.
Desde la sexología clínica, consideramos que existe una patología cuando estas conductas sexuales:
- Se convierten en la principal y constante preocupación en la vida del paciente, desplazando otras áreas vitales como el vínculo afectivo, el ocio compartido o el cuidado personal.
- Resultan difíciles de controlar, generan malestar y provocan consecuencias negativas en el entorno relacional, afectando a la pareja, la familia, los hijos o incluso el círculo social más cercano.
- Impactan directamente en el rendimiento laboral y/o académico, disminuyendo la productividad, la concentración y la motivación general.
La adicción al porno no solo disminuye la satisfacción sexual, también daña la confianza y la intimidad de las parejas.
Los consumidores de pornografía siempre presentan sintomatología depresiva y altos niveles de ansiedad, una calidad de vida menor y una salud mental más pobre.
Estos indicadores no solo nos orientan en el diagnóstico, sino que también nos permiten delimitar el alcance del abordaje terapéutico.
Relación entre disfunción eréctil y adicción a la pornografía
La disfunción eréctil (DE) se define como la incapacidad persistente para lograr o mantener una erección suficiente que permita una relación sexual satisfactoria. Aunque suele asociarse a causas fisiológicas, en consulta observamos con frecuencia que también tiene implicaciones psicológicas profundas, especialmente cuando se vincula con el consumo excesivo de pornografía.
Cuando el paciente presenta una adicción al porno, es común que logre una erección plena e incluso una eyaculación satisfactoria durante el consumo. Sin embargo, al momento de estar con la pareja esa respuesta erótica se ve comprometida.
El umbral de excitación se eleva tanto que el cuerpo ya no responde con la misma intensidad ante estímulos reales, lo que dificulta la erección y, en muchos casos, también la eyaculación. Si a esto le sumamos una disminución progresiva del deseo sexual, el impacto se extiende más allá del individuo.
El hombre que sufre DE suele experimentar frustración, inseguridad y culpa y su pareja puede sentirse rechazada, confundida o desconectada.
Esta dinámica erosiona el vínculo y refuerza el círculo vicioso de consumo, aislamiento y disfunción.
“Tómalo o déjalo”
Para abordar esta problemática en consulta, utilizo un modelo de intervención que llamo “Tómalo o déjalo”. Se trata de una reestructuración cognitiva que parte de una premisa clara: el paciente es quien elige, y también quien debe aceptar las consecuencias de esa elección.
El enfoque “Tómalo o déjalo” no busca imponer decisiones, sino acompañar el proceso de toma de conciencia, desde una mirada respetuosa y empática.
Se basa en la plasticidad neuronal: las neuroconexiones que se estimulan con frecuencia se fortalecen y tienden a activarse con mayor facilidad, mientras que aquellas que se ignoran o se dejan de usar, se debilitan. Así, el mismo sistema que consolidó hábitos negativos puede ser utilizado para generar y reforzar hábitos más saludables, siempre que el paciente esté dispuesto a tomar decisiones conscientes y sostenidas en el tiempo.
Estrategias clínicas para recablear el cerebro
El abordaje terapéutico requiere trabajar simultáneamente al individuo, la pareja, su calidad de vida y el programa de dirección personal. Estas son algunas de las estrategias que aplico en consulta:
- Terapia integradora de pareja: fomentamos la comunicación y la conversión emocional desde la aceptación y el compromiso mutuo.
- Hábitos saludables y reflexión vital: promovemos rutinas de deporte, introspección y tiempo libre para que el paciente identifique qué tipo de vida desea y necesita para sí mismo, su pareja y su entorno familiar.
- Educación sexual diferenciada: enseñamos a distinguir entre consumo sexual por elección y por adicción.
No se trata de prohibir la masturbación o las relaciones sexuales, sino de elegirlas desde el deseo y el placer consciente.
- Registro de consumo y reestructuración cognitiva: el paciente lleva un registro de días sin consumo. No prohibimos, pero sí trabajamos el permiso desde la conciencia de las consecuencias. Él es su propio juez, y nosotros acompañamos el proceso de elección hacia una vida más plena.
- Confrontación vincular: abordamos las consecuencias reales del consumo en la pareja, incluyendo el riesgo de pérdida, separación y afectación en el cuidado de los hijos. El miedo a la pérdida puede activar el deseo de cambio.
- Trabajo emocional profundo: intervenimos sobre emociones como miedo, culpa, vergüenza, rabia y tristeza, reforzando conductas alternativas vinculadas a la alegría, el bienestar y el reconocimiento social y familiar.
- Terapia afectivo-sexual de pareja: aplicamos técnicas de focalización sensorial, desplazando el foco del orgasmo hacia el disfrute del proceso, lo que reduce la presión y mejora la conexión erótica.
- Educación en independencia emocional: promovemos la emancipación afectiva dentro de la pareja, lo que activa el Efecto Coolidge (sensación de novedad), incrementa la dopamina y mejora el rendimiento sexual.
Conclusión
Desde mi experiencia clínica, queda claro que la adicción a la pornografía y la disfunción eréctil conforman un círculo vicioso que requiere una intervención especializada y multifocal.
La clave no es la abstinencia punitiva, sino aprovechar la plasticidad cerebral para “recablear” los circuitos de excitación y vínculo.
Nuestro rol como profesionales es guiar ese proceso, ayudando al paciente a reconectar con su deseo consciente y a reconstruir la intimidad desde una base más saludable y plena.
El modelo “Tómalo o déjalo” y las estrategias presentadas ofrecen un marco integral para esta tarea. No se trata solo de eliminar un síntoma, sino de facilitar una reconexión profunda: con la propia sexualidad, con la pareja y con un proyecto de vida significativo. Al intervenir simultáneamente en el individuo, la dinámica de pareja y los hábitos de vida, podemos transformar un ciclo de frustración en una oportunidad para el crecimiento y el bienestar sexual duradero.
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Este artículo está basado en la Masterclass: “Adicción a la pornografía y disfunción Eréctil. El paciente resistente”, dictada por el psicólogo y sexólogo clínico, Sergio Pérez, dentro del Programa de Actividades del Instituto Raimon Gaja (iRG). El ponente brinda además información detallada sobre la fisiología y factores de riesgo en el comportamiento sexual compulsivo (CSC). Accede al contenido completo aquí:
Conoce a Sergio Pérez Serer
- Docente en iRG.
- Psicólogo y sexólogo clínico.
- Director de la Clínica Pérez Vieco de Psicología, Sexología y Pareja.
- Miembro de la Asociación Española de Sexología y de la Federación Española de Sociedades de Sexología.
- + 20 años experiencia clínica.
- Formador de profesionales de la psicología y la sexología clínica
Bibliografía:
- Bennett, Morgan. (2013). El nuevo narcótico. The Public Discourse.
- El porno ya genera el 25% de las búsquedas en Google. (2022). El Día.







