Preguntas clave: La tartamudez en niños de 3 a 6 años

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¿Un niño nace ya con el “chip” de la tartamudez o se adquiere luego del nacimiento, causado por distintos factores? ¿Qué sabemos hoy sobre la etiología y el tratamiento de esta dificultad?

Las preguntas que recogemos a continuación surgieron durante la Másterclass “Factores que inciden en el tartamudeo en niños de 3 a 6 años”, impartida por la fonoaudióloga, Lucía Elena Guerrero, dentro del programa de actividades del Instituto Raimon Gaja. Todas ellas fueron planteadas por las personas asistentes a la charla.
 

¿Un niño que ha experimentado estrés, ansiedad o cambios significativos en su entorno, como por ejemplo la llegada de un hermano o una mudanza, podrían influir en su habla?

En edades tempranas, especialmente entre los 2 y 6 años, la exposición a situaciones de tensión emocional dentro del contexto familiar puede desencadenar alteraciones en el patrón del habla.

Si se logra establecer una relación entre antecedentes de estrés y las características del habla, es posible identificar que la tartamudez tenga un origen emocional o esté asociada a episodios de ansiedad que activaron ese patrón. Al revisar la bibliografía, se observa que este tipo de diagnóstico resulta relevante, ya que el pronóstico dependerá en gran medida del nivel de ansiedad o del impacto emocional que el niño experimente. En muchos casos, cuando estos factores se abordan adecuadamente, se puede observar una mejora en el patrón del habla e incluso la superación del proceso de tartamudez.
 

¿Existen diferencias en el desarrollo motor fino y grueso que podrían estar relacionadas con las dificultades en la fluidez del habla?

En la actualidad, no es posible afirmar, desde la evidencia científica disponible, que exista una relación directa entre alteraciones en el desarrollo motor fino o grueso y las dificultades en la fluidez del habla, específicamente en la tartamudez. No se cuenta con estudios que demuestren de manera clara una trazabilidad entre un patrón motor alterado y la aparición de este tipo de dificultades en el habla.

Si bien pueden existir algunos antecedentes o hipótesis al respecto, la evidencia científica actual no permite establecer una relación concreta entre tres aspectos específicos: la debilidad motora, las dificultades en la ejecución del patrón motor fino y la coordinación del habla. Por lo tanto, hasta el momento, no se puede confirmar una articulación directa entre estos factores.
 

¿Cómo trabajar los problemas de taquilalia?

El abordaje de la taquilalia depende del factor que esté desencadenando este síntoma. Si se identifica un origen emocional, es fundamental trabajar con un equipo interdisciplinario que permita atender de manera integral las necesidades del niño.

Cuando el problema está directamente relacionado con el desarrollo del lenguaje o del habla, se tiene en cuenta que el desarrollo del lenguaje ocurre principalmente entre los 2 y 6 años. En estos casos, el enfoque será principalmente fonoaudiológico. Sin embargo, si la dificultad en el habla, como la tartamudez, se presenta a partir de los 5 años en adelante, el abordaje no se centra tanto en el desarrollo del lenguaje, sino específicamente en el tratamiento del habla.

Durante el proceso de evaluación se reconoce que cada usuario presenta características particulares y síntomas específicos en el área del habla. Por esta razón, no es posible proponer una lista general de ejercicios que funcionen para todos los casos. Es necesario realizar una evaluación y un diagnóstico adecuados para identificar el factor desencadenante y, a partir de allí, iniciar una intervención y un proceso de rehabilitación acordes a las necesidades individuales.
 

¿Un niño nace ya con el “chip” de la tartamudez o se adquiere luego del nacimiento, causado por distintos factores?

De acuerdo con la evidencia científica, la tartamudez tiene un componente genético en aproximadamente un 30% de los casos. Esto indica que algunos niños pueden nacer con una base hereditaria que influye en la aparición de esta dificultad.

Sin embargo, también se ha observado que en cerca del 70% de los casos el niño puede nacer con una predisposición, y son los factores del entorno, como el contexto familiar, social y emocional, los que pueden desencadenar la manifestación de la tartamudez. Es decir, no se trata únicamente de “nacer” con la tartamudez, sino de una interacción entre la predisposición biológica y las experiencias posteriores al nacimiento.
 

En la adultez, ¿hasta qué punto es posible normalizar este tipo de dificultades en el habla? ¿Cuál es el grado de éxito del tratamiento?

Para lograr un mejor diagnóstico y un proceso de rehabilitación más efectivo, se recomienda siempre una intervención desde edades tempranas. Cuando el niño recibe atención fonoaudiológica oportuna, el pronóstico suele ser favorable.

En cambio, si el patrón de tartamudez se consolida con el tiempo y no existe un proceso de rehabilitación, el pronóstico tiende a ser más lento y reservado. Esto ocurre porque la persona no ha tenido una intervención que modifique ese patrón, por lo que el habla se estabiliza de esa manera. En muchos casos, el individuo termina asumiendo ese patrón como su forma habitual de hablar, ya que ha aprendido y se ha adaptado a él a lo largo del tiempo.
 

¿La tartamudez puede desencadenarse como consecuencia de haber sufrido violencia?

Cuando un niño sufre violencia dentro de su contexto o núcleo familiar, esta experiencia impacta directamente en su área afectiva y psicológica, es decir, en su componente emocional. Dependiendo del tipo de trauma y del nivel de violencia, ya sea física o verbal, esta situación puede, en algunos casos, desencadenar la aparición de la tartamudez.
 

¿De qué manera las dinámicas familiares, como la comunicación entre padres e hijos, pueden influir en el desarrollo del habla del niño?

La dinámica familiar cumple un rol fundamental en el desarrollo biopsicosocial de los niños y, en particular, en el desarrollo del lenguaje y del habla. La familia es el principal referente que tiene el niño para construir y consolidar su patrón lingüístico.

En el caso de la tartamudez, si un niño de 3 o 4 años presenta esta dificultad y su familia considera que su forma de hablar es normal, es probable que ese patrón se mantenga en el tiempo. Sin embargo, al enfrentarse a contextos educativos o sociales, el patrón alterado suele hacerse más evidente.

Por esta razón, las dinámicas familiares influyen de manera directa o indirecta en el desarrollo del habla, y pueden hacerlo tanto de forma positiva como negativa, dependiendo del nivel de acompañamiento, observación y apoyo que reciba el niño.
 

¿Existe algún ejercicio para ayudar en la fluidez del habla como complemento al tratamiento formal?

Para poder recomendar ejercicios que ayuden a mejorar la fluidez del habla, primero es fundamental identificar el factor que está desencadenando la dificultad. Una vez determinado ese factor, es posible seleccionar ejercicios específicos que se ajusten a las necesidades de cada persona.

La evidencia científica indica que no se pueden generalizar los ejercicios, ya que cada usuario presenta características particulares, influenciadas por aspectos como el contexto cultural, la región o la prosodia del habla. De manera general, pueden sugerirse ejercicios de relajación y respiración que favorezcan la conciencia corporal y la autorregulación. Sin embargo, no existe un ejercicio universal que resulte efectivo para todos los casos, por lo que siempre deben considerarse como un complemento del tratamiento formal y personalizado.
 

¿Qué opinión tiene usted sobre las teorías que dicen que la tartamudez tiene un componente neurológico?

Según la evidencia disponible, actualmente existen numerosos estudios en desarrollo que aportan conocimiento y respaldan la hipótesis de que la tartamudez tiene un componente neurológico. Esta línea de investigación ha ido ganando relevancia en los últimos años.

Como profesionales, es importante valorar y considerar esta evidencia, ya que le otorga sustento científico a esta postura. En la medida en que se identifiquen estudios que señalen una etiología neurológica, resulta fundamental reconocerlos y analizar con mayor profundidad qué ocurre en esos casos y cómo este componente influye en la manifestación de la tartamudez.
 

Si una madre tiene tartamudez, ¿hay probabilidad de que los hijos la hereden o es más probable que la aprendan en la comunicación diaria?

La evidencia científica indica que cuando el padre presenta tartamudez, el niño tiene una mayor probabilidad de desarrollarla. En el caso de la madre, la probabilidad es menor, aunque no se descarta la posibilidad de que el niño manifieste alteraciones en el patrón del habla.

Por esta razón, es importante considerar tanto el componente hereditario como el patrón genético al momento de analizar el riesgo de aparición de la tartamudez, sin dejar de lado la influencia del entorno y la comunicación diaria en el desarrollo del habla.
 

¿Siempre que se trabaje con niños hay que hacerlos conscientes de su dificultad como parte del tratamiento? ¿Y si es así, desde qué edad?

Es importante la conciencia en todos los procesos de la vida. En un niño, a partir de los cuatro o cinco años, se puede trabajar la terapia cognitiva. Si el niño acude al fonoaudiólogo sin entender por qué, el tratamiento se ve limitado, porque no hay conciencia del problema. Por eso, es recomendable concientizar al usuario desde temprana edad, para que sienta la necesidad y el compromiso con su proceso de rehabilitación.

Cuando el tratamiento se asume por iniciativa de la familia y no del propio niño, el avance suele ser más lento.
 

¿Cómo podemos explicar que un estudiante tartamudee cuando habla español, pero hable fluidamente en inglés?

Habría que analizar cuál es la lengua materna o idioma de origen. Si el español es su lengua materna y presenta tartamudez solo en ese idioma, puede deberse al proceso de adquisición del segundo idioma.

Es posible que no se trate propiamente de una tartamudez, sino de dificultades en la expresión de un idioma no completamente incorporado.
 

¿Desde la terapia cognitivo-conductual (TCC) cómo se aborda el tartamudeo?

Desde la terapia cognitivo-conductual, el abordaje del tartamudeo se centra en comprender cómo los aprendizajes, el contexto y las respuestas emocionales influyen en la conducta del habla. Desde el enfoque conductual, la tartamudez puede entenderse como una conducta aprendida dentro del entorno, lo que la diferencia del abordaje puramente cognitivo.

En este marco, la intervención se orienta a identificar y modificar los patrones de conducta asociados al habla, utilizando técnicas de repetición, desensibilización y reestructuración de respuestas. El objetivo es observar, ajustar y mejorar el comportamiento comunicativo, así como reducir la ansiedad y las respuestas evitativas que pueden mantener o intensificar la tartamudez.
 

No te pierdas

Accede a la ponencia completa y a las preguntas de los asistentes: (minuto 2:24:04)
 

 

Si eres logopeda, fonoaudiólogo o terapeutas del habla

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Revisado y aprobado por Ismael fuentes
Escrito por Redacción iRG

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