“El Campus Internacional de iRG es algo más que una formación de verano”

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El pasado 6 de abril se presentó oficialmente el IV Campus Internacional de Verano de iRG. Con motivo de este lanzamiento, conversamos con Fermín Carrillo, director del Campus, para profundizar en el origen de esta propuesta, en los elementos que la hacen diferente y en las razones por las que se ha consolidado como una experiencia de referencia para profesionales y estudiantes de España y América Latina.
 

¿Con qué idea nace el Campus?

Nace de una idea bastante sencilla, aunque luego llevarla bien a la práctica no es tan fácil: ofrecer una formación de calidad que no se quede en lo teórico ni en el formato clásico de curso de verano.

Queríamos unir varias cosas que, cuando están bien integradas, tienen mucho valor: formación rigurosa, aplicación práctica, dimensión internacional y una experiencia académica que realmente merezca la pena. No algo puntual y ya está, sino una propuesta con recorrido.
 

¿Qué diría que lo diferencia de otras propuestas parecidas?

Sobre todo, que aquí no hablamos solo de dos semanas de clases. El Campus tiene una primera fase intensiva, presencial en Barcelona o en directo desde cualquier país, pero después continúa. Y esa continuidad es importante, porque permite que la experiencia no se agote en el momento inicial.

También creo que nos diferencia la mezcla de perfiles y procedencias. Se genera un contexto muy rico, con personas de distintos países, trayectorias y momentos profesionales. Eso hace que el aprendizaje no pase solo por los contenidos, sino también por las conversaciones, los vínculos y la mirada que cada uno aporta.
 

Los diplomados tienen bastante peso dentro del programa. ¿Qué papel juegan?

Un papel central. Al final, los diplomados son lo que permite que cada persona convierta el Campus en algo alineado con su propio recorrido profesional.

La experiencia de verano tiene mucho valor en sí misma, pero lo interesante es que no se queda ahí. Después se puede profundizar en un área concreta de especialización. Y eso da mucha coherencia al conjunto.

Además, la oferta de diplomados responde a áreas muy actuales. Este año tenemos liderazgo y desarrollo de competencias gerenciales, neuroeducación, psicología clínica con terapias de 3ª generación, competencias socioemocionales y relación terapéutica en el ámbito sanitario, inteligencia artificial y tecnologías aplicadas a la psicología clínica, y psicoterapia afirmativa para la diversidad sexual y de género LGTBIQ+.

Es una oferta bastante potente porque conecta con campos que hoy tienen recorrido profesional real.
 

¿Qué tipo de participante suele aprovechar mejor la experiencia?

Diría que no depende tanto del currículum previo como de la actitud. El Campus lo aprovecha mucho quien llega con ganas de aprender, de implicarse y de abrirse a una experiencia más amplia que la de una formación convencional.

Vienen estudiantes, vienen profesionales con años de experiencia, vienen personas que están redefiniendo su perfil y otras que ya tienen clara su línea, pero quieren internacionalizarse o actualizarse. Lo común suele ser eso: la voluntad de dar un paso más.
 

El Campus tiene una dimensión internacional muy marcada. ¿Qué valor tiene eso en la práctica?

Tiene mucho valor, y no solo por una cuestión de imagen. Cuando coinciden personas de distintos países y contextos, lo que se genera es una conversación más rica, más matizada y más útil.

En esta edición, como en las anteriores, contamos con participantes, docentes, líderes académicos e investigadores de más de 10 países y de 30 universidades e instituciones aliadas. Eso no es un dato decorativo. Se nota en el ambiente, en las preguntas, en los enfoques y en la red de contactos que se crea.

Para muchas personas de América Latina, además, el Campus es una forma de vivir una experiencia académica en Europa sin perder el vínculo con una comunidad profesional muy cercana culturalmente. Y eso funciona muy bien.
 

¿Por qué Barcelona sigue siendo una sede tan importante para esta propuesta?

Porque Barcelona tiene mucho que ver con el tipo de experiencia que queremos ofrecer. Es una ciudad internacional, abierta, dinámica y muy atractiva para quien viene de fuera a formarse.

Pero además hay algo práctico: permite combinar muy bien lo académico con la experiencia personal. Quien viene presencialmente no solo asiste a clase, también vive la ciudad, comparte tiempo con otros participantes y se mueve en un entorno con muchísimo estímulo cultural y profesional.

Eso influye más de lo que parece. La experiencia no se recuerda igual cuando el contexto también acompaña.
 

Esta edición llega con una trayectoria ya consolidada. ¿Qué lectura hacen de esa evolución?

La lectura es buena, porque hay una trayectoria sostenida. Esta es la 26.ª edición histórica del Campus y la IV dentro de iRG. Sumando etapas anteriores, han pasado por esta experiencia más de 3.000 personas. Y si hablamos solo de iRG, en las tres ediciones anteriores participaron alrededor de 600.

Eso indica que hay una propuesta sólida detrás y que ha ido encontrando su lugar.

También nos dice que la experiencia funciona, porque si no, no habría esa continuidad ni esa respuesta.
 

¿Y a qué atribuye esa buena acogida?

A una combinación de factores. Por un lado, hay una propuesta académica seria, con áreas de especialización bien elegidas. Por otro, hay un componente organizativo y humano que cuidamos mucho.

La gente valora la cercanía del equipo, el acompañamiento antes de viajar, durante la estancia y también después. Valora que haya una atención real, no solo una estructura académica. Y valora también que la experiencia esté pensada de forma bastante completa: formación, actividades complementarias, networking, ciudad, acompañamiento.
 


El Campus obtiene una valoración muy alta, de 4,9 sobre 5.


 
Además, hay un dato muy concreto: en ediciones anteriores algunos programas cerraron antes de la fecha prevista. Eso también refleja el interés que despierta.
 

Más allá del aprendizaje, ¿qué impacto puede tener en una carrera profesional?

Puede tener bastante impacto, porque hoy no cuenta solo lo que uno estudia, sino también cómo construye su perfil. Y aquí confluyen varias cosas importantes: especialización, mirada internacional, red de contactos, actualización y experiencia académica con identidad propia.

A veces el impacto se traduce en una decisión más clara sobre por dónde seguir. Otras veces, en nuevas oportunidades, nuevas colaboraciones o simplemente en una mayor seguridad profesional. No todo es inmediato ni medible en el corto plazo, pero sí suele haber un efecto de impulso.
 

Para alguien que está pensando en inscribirse, ¿qué le diría?

Le diría que valore el Campus en conjunto. No solo como una formación de verano, sino como una experiencia académica y profesional bastante completa.

Es una oportunidad para formarse, para especializarse, para conocer a gente de distintos países, para vivir Barcelona desde un lugar muy particular y para volver con más herramientas y, muchas veces, con más claridad sobre el propio camino.

Y también le diría algo práctico: que no lo deje para el final, porque las plazas son limitadas y ya hemos visto otros años que algunos itinerarios se completan antes de lo previsto.

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Revisado y aprobado por Raimon Gaja
Escrito por María José Mateo

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