Imagina a una paciente que llega a consulta por la ansiedad que siente desde que nació su primer hijo. A la tercera sesión, casi de pasada, menciona que su madre también «se vino abajo» tras su nacimiento y que de su abuela materna apenas se habla en casa. Ninguno de esos datos explica por sí solo lo que le ocurre, pero juntos dibujan un contexto que merece ser mirado con calma. Para hacerlo visible, la terapia familiar sistémica cuenta con una herramienta sencilla en apariencia y muy exigente en su uso: el genograma.
El genograma es mucho más que un árbol genealógico con líneas de colores. Bien construido, ordena la historia de una familia, revela repeticiones entre generaciones y ayuda a formular hipótesis sobre el motivo de consulta. Mal utilizado, se convierte en un interrogatorio o en una explicación cerrada que encaja todo a la fuerza. Entender qué es un genograma, cómo se hace y qué permite concluir es una competencia básica para quien trabaja con familias, parejas o personas cuyo malestar no se entiende sin su red de vínculos.
Qué es un genograma
Un genograma, o genograma familiar, es una representación gráfica de la familia que, mediante símbolos normalizados, recoge su estructura, los datos demográficos de sus miembros, los acontecimientos vitales y las relaciones entre ellos a lo largo de al menos tres generaciones. Así lo describe una revisión publicada en Medicina de Familia. SEMERGEN (Yanes-Rodríguez et al., 2022), que lo diferencia del árbol genealógico: el árbol busca identificar patrones de herencia biológica, mientras que el genograma se centra en la dinámica y el funcionamiento familiar.
La herramienta se asocia a la tradición sistémica, y en particular a la idea, desarrollada por Murray Bowen, de que ciertos patrones relacionales se transmiten de una generación a otra. Su formato más difundido procede del trabajo de Monica McGoldrick y Randy Gerson, que en 1985 publicaron Genograms in Family Assessment y propusieron una notación común. La cuarta edición de esa obra, firmada también por Sueli Petry, apareció en 2020.
Un genograma no describe cómo es una familia: muestra cómo la cuenta quien consulta en un momento concreto, y abre preguntas que antes no se veían.
Para qué sirve en terapia familiar sistémica
En la práctica clínica, el genograma cumple varias funciones a la vez. La primera es organizar la información: en una sola hoja caben nacimientos, uniones, separaciones, migraciones, enfermedades o pérdidas que, contadas en sesión, aparecen dispersas y fuera de orden. La segunda es situar el síntoma en su contexto relacional. Desde la perspectiva sistémica, la dificultad de una persona se entiende también por el lugar que ocupa en su familia y por los cambios que esta atraviesa.
Además, permite identificar patrones que se repiten: rupturas en momentos parecidos del ciclo vital, duelos que no se elaboraron, alianzas entre dos miembros frente a un tercero o roles que pasan de padres a hijos, como el de quien cuida a todos o el de quien siempre causa problemas. La revisión de SEMERGEN subraya que el genograma culmina en una hipótesis sistémica, que sirve de punto de partida para preparar la entrevista y la intervención familiar.
Hay un efecto menos visible, pero clínicamente valioso. Según McGoldrick y sus colaboradores, construir el genograma con la familia desplaza la atención desde el «paciente identificado» hacia los procesos que comparten todos. Cuando el problema deja de estar solo en una persona, disminuye la tendencia a buscar culpables y aumenta la disposición a cambiar algo entre todos.
Símbolos del genograma: lo esencial
Existen pequeñas variaciones entre manuales, pero la notación básica es bastante estable. Estos son los símbolos que conviene dominar antes de dibujar el primer genograma:
- Personas: un cuadrado representa a un hombre y un círculo a una mujer. La persona que consulta (o paciente identificado) se marca con doble contorno, y una cruz dentro del símbolo indica que esa persona ha fallecido.
- Uniones: una línea horizontal une a los miembros de la pareja. Una barra sobre esa línea indica separación y dos barras, divorcio.
- Hijos: cuelgan de la línea de la pareja mediante líneas verticales y se ordenan por edad, normalmente del mayor, a la izquierda, al menor, a la derecha.
- Relaciones: líneas adicionales describen la calidad del vínculo. Varias líneas paralelas señalan una relación muy estrecha o fusionada, una línea en zigzag indica conflicto, una línea discontinua expresa distancia y una línea cortada, ruptura.
- Datos: junto a cada símbolo se anotan la edad, las fechas relevantes y los hechos significativos, como enfermedades, migraciones, cambios de trabajo o pérdidas.
La notación es un medio, no un fin. Un genograma con símbolos impecables y sin preguntas clínicas detrás aporta poco. Uno sencillo, dibujado a mano y comentado con la familia, puede cambiar el curso de una sesión.
Cómo hacer un genograma paso a paso
Hacer un genograma es, sobre todo, conducir una entrevista. El dibujo es el resultado de una conversación que exige ritmo, tacto y criterio clínico. Una secuencia habitual es la siguiente:
- Explicar el sentido de la tarea. La persona o la familia debe saber por qué se le pregunta por su historia y qué se hará con esa información.
- Empezar por quien consulta. Desde la persona índice se dibuja el núcleo de convivencia actual y después se amplía hacia padres, hermanos, abuelos y, si procede, hijos.
- Completar la estructura de tres generaciones. Uniones, separaciones, nacimientos, fallecimientos y otros miembros relevantes, aunque no compartan vínculo biológico.
- Añadir datos y acontecimientos. Edades, fechas, enfermedades, migraciones, cambios económicos o laborales, sin forzar temas para los que todavía no hay confianza.
- Describir las relaciones. Preguntar quién está más cerca de quién, dónde hay conflicto, quién no se habla y qué cambió con los años.
- Leer el conjunto y formular hipótesis. Buscar repeticiones, coincidencias de fechas, transiciones del ciclo vital y recursos de la familia, y compartir esas lecturas como preguntas abiertas, no como diagnósticos.
- Actualizarlo. El genograma refleja un momento concreto. A medida que avanza la terapia aparecen datos nuevos y cambian las relaciones, así que conviene revisarlo.
Cuando en la historia hay pérdidas traumáticas, violencia o secretos familiares, el ritmo importa tanto como el contenido. Explorar demasiado rápido puede reactivar el malestar en lugar de ordenarlo. En esos casos ayuda aplicar los principios de seguridad y regulación que se describen en esta guía sobre el acompañamiento terapéutico del trauma.
Genograma y línea de vida: dos mapas complementarios
El genograma ordena la historia en el espacio de las relaciones; la línea de vida la ordena en el tiempo de una biografía. Combinarlos resulta especialmente útil cuando una persona necesita entender por qué ciertos acontecimientos personales coinciden con cambios en su familia, como un síntoma que aparece el año de la jubilación del padre o una crisis de pareja que llega con la enfermedad de un abuelo. La línea de vida psicológica aporta la secuencia y el significado personal; el genograma, el entramado de vínculos en el que esa secuencia cobra sentido.
Límites y precauciones éticas
Conviene ser prudente con lo que el genograma permite afirmar. Una revisión de la literatura publicada en The Family Journal (Joseph et al., 2022) concluye que la mayoría de los trabajos describen sus usos y adaptaciones en distintos contextos y poblaciones, mientras que los estudios sobre su eficacia como herramienta terapéutica en sí misma son escasos. Es, ante todo, un instrumento de evaluación y de trabajo conjunto, no una intervención con eficacia demostrada por sí sola.
De ahí se derivan algunas precauciones:
- Una repetición entre generaciones es una pista para explorar, no una prueba de causalidad ni un destino familiar.
- El genograma recoge la versión de quien lo cuenta. Otros miembros de la familia podrían dibujar uno distinto, y esa diferencia también es información clínica.
- Contiene datos sensibles sobre terceros que no están en consulta, por lo que debe custodiarse con las mismas garantías que el resto de la historia clínica.
- Las familias no siempre se ajustan al modelo clásico. Las familias reconstituidas, adoptivas, monoparentales o con vínculos significativos no biológicos deben poder representarse sin que la notación imponga una única forma de familia.
Una herramienta para pensar en relación
El valor del genograma no está en el dibujo, sino en la conversación que provoca. Obliga al terapeuta a mirar más allá del individuo, a formular hipótesis que incluyen a otros y a contrastarlas con la propia familia. Usado con rigor, ayuda a pasar del «qué le pasa a esta persona» al «qué está pasando en este sistema y qué papel tiene el síntoma en él», que es la pregunta que define la mirada sistémica.
Dominarlo requiere práctica supervisada y una formación que integre teoría, entrevista y casos reales. Si quieres profundizar en este enfoque, puedes conocer el Máster en Terapia Familiar Sistémica de iRG.





