Desarrollo profesional

¿Por qué las soft skills marcarán tu futuro profesional?

Las soft skills ganan valor frente a la inteligencia artificial. Janire Porroche explica qué son, cómo se construye una competencia y por qué sostienen la carrera profesional y el bienestar en el trabajo.

¿Por qué las soft skills marcarán tu futuro profesional?

Las soft skills, también llamadas habilidades blandas o competencias transversales, son las capacidades personales, emocionales y relacionales que determinan cómo trabajamos con otras personas: comunicación, empatía, autoconciencia, adaptabilidad, liderazgo o gestión de conflictos. Su peso crece a medida que la inteligencia artificial automatiza tareas técnicas. El informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial sitúa el pensamiento analítico como la competencia básica más demandada por los empleadores (siete de cada diez empresas la consideran esencial), seguida de la resiliencia, la flexibilidad y la agilidad, junto con el liderazgo y la influencia social.

Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre un tema que está redefiniendo nuestro presente profesional y, sobre todo, nuestro futuro. Se trata de las soft skills, un concepto del que se habla con frecuencia, pero que pocas veces analizamos desde la perspectiva adecuada.

No quiero que esto sea solo un texto para leer de forma pasiva. Prefiero que lo vivas como una conversación. Porque lo que está en juego no es únicamente el desarrollo profesional, sino la manera en que nos posicionamos como personas en un mundo cada vez más tecnológico.

Vivimos, probablemente, la mayor revolución tecnológica de la historia. La inteligencia artificial ya escribe, calcula, analiza, predice y automatiza. Cada semana aparecen herramientas nuevas capaces de realizar tareas que hace poco parecían exclusivamente humanas.

Pero hoy no quiero centrarme en lo que la inteligencia artificial puede hacer. Quiero hablar de aquello que, al menos por ahora, seguirá dependiendo exclusivamente de nosotros.

Y antes de continuar, me gustaría hacerte una pregunta muy simple.

Si estás leyendo estas líneas, ¿tu mente está realmente aquí?

¿O sigue en la conversación anterior?¿O está pensando en algo que ocurrió ayer?¿O quizá en algo que tienes que hacer después?

Estar presente físicamente no es lo mismo que estar presente mental y emocionalmente. Y esa presencia (esa capacidad de estar verdaderamente aquí) es, quizá, una de las primeras soft skills invisibles.

Si tu mente está en otra parte, déjala ir por un momento. Y si está aquí, acompáñame en esta reflexión.

Las personas son lo más importante

Toda mi vida profesional ha estado vinculada a la salud mental. Hace unos años decidí emprender y crear mi propia empresa desde cero, con un equipo multidisciplinar formado por psicólogos, psiquiatras, neuropsicólogos, logopedas y fisioterapeutas pediátricos.

Siempre he creído profundamente en las personas.

Esa convicción también me ha llevado a implicarme en espacios institucionales y profesionales donde se reflexiona sobre el futuro de la salud y la educación. Pero, más allá de lo profesional, también soy madre. Y como madre, pienso mucho en el legado que queremos dejar a las siguientes generaciones.

Estas preguntas fueron precisamente las que me llevaron a profundizar en el estudio de las soft skills y la inteligencia emocional.

¿Qué tipo de profesionales queremos ser?¿Y qué tipo de personas queremos construir?

El nuevo escenario

Si observamos con atención lo que está ocurriendo en el mundo, vemos una paradoja interesante.

Cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren las habilidades humanas.

El historiador y filósofo Yuval Noah Harari ya lo advertía en 21 lecciones para el siglo XXI: muchos trabajos desaparecerán o se transformarán radicalmente. Y Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, insiste en una idea similar cuando habla de la Cuarta Revolución Industrial: el talento humano será más importante que nunca.

La tecnología no deja de crecer. Pero el diferencial competitivo está cambiando.

Lo humano ya no es un complemento. Se está convirtiendo en un factor estratégico.

Por eso quiero plantearte otra pregunta.

¿Qué haces tú que ninguna inteligencia artificial puede copiar?

El peso real de las habilidades humanas

A veces hablamos de soft skills como si fueran algo secundario, casi decorativo. Como si lo importante fueran únicamente los conocimientos técnicos.

Sin embargo, la evidencia científica lleva décadas mostrando lo contrario.

Investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard, la Fundación Carnegie y el Stanford Research Center concluyeron que aproximadamente el 85 % del éxito profesional está relacionado con habilidades humanas y relacionales, mientras que solo una parte menor depende exclusivamente de habilidades técnicas.

¿Por qué ocurre esto?

Porque las soft skills no tienen techo.

No existe un nivel máximo de empatía, liderazgo o comunicación. Siempre se pueden desarrollar más. Siempre se pueden refinar.

Además, hay algo fundamental: no las evaluamos nosotros mismos.

Podemos pensar que somos excelentes trabajando en equipo o liderando personas, pero la verdadera medida aparece cuando preguntamos a quienes trabajan con nosotros.

Por eso el feedback es tan importante. En lo profesional y también en lo personal.

¿Vives en piloto automático?

Permíteme hacerte otra pregunta.

¿Te consideras una persona consciente y alineada con lo que haces?¿O funcionas muchas veces en piloto automático?

La mayoría de nosotros vivimos gran parte del tiempo en automático. Y no se trata de juzgarlo como algo bueno o malo. Simplemente ocurre.

El ritmo del día a día nos arrastra.

Pero cuando empezamos a tomar conciencia, algo cambia. Recuperamos la capacidad de elegir.

Recuerdo un momento muy concreto de mi vida cotidiana que me hizo pensar en esto. Tengo dos hijos pequeños y, como en muchas casas, las mañanas pueden ser bastante intensas: prisas, horarios, responsabilidades. Durante un tiempo repetía el mismo patrón cada día, reaccionando automáticamente.

Hasta que un día me detuve.

Pensé: esta situación va a seguir ocurriendo cada mañana. ¿Qué está dentro de mi círculo de influencia? ¿Qué puedo cambiar yo?

A partir de ahí empecé a introducir pequeños cambios. Ajusté rutinas, probé alternativas, tomé decisiones diferentes. No todo se volvió perfecto, pero la situación mejoró mucho.

La conciencia es una herramienta poderosa. Y además es gratuita.

Nos ayuda a regular emociones, recuperar el foco, salir del piloto automático y tomar decisiones más alineadas.

¿Qué son realmente las soft skills?

Podemos encontrar muchas definiciones de soft skills, pero hay una que me parece especialmente completa.

La investigadora Ana Rodríguez, de la Universidad de Zaragoza, las define como un conjunto integrado de conocimientos, aptitudes, habilidades, actitudes y valores que permiten desarrollar una tarea o actividad de forma eficaz y eficiente, tanto individual como colectivamente.

Es decir, no hablamos solo de habilidades aisladas. Hablamos de una combinación compleja de elementos que configuran nuestra manera de actuar en el mundo.

Dependiendo del país o del contexto, también se las denomina ‘competencias transversales’, ‘competencias genéricas’, ‘life skills’ o ‘habilidades del siglo XXI’.

Pero hay algo esencial que a veces se olvida:

Para que una persona sea realmente competente, sus habilidades deben estar alineadas con los derechos humanos y con valores éticos.

De lo contrario, no hablamos de competencia. Hablamos simplemente de habilidad.

Habilidades que sostienen una carrera

Las hard skills, es decir, los conocimientos técnicos, siguen siendo necesarias. Nadie discute eso.

De hecho, muchas veces son las que nos abren la puerta a un trabajo.

Pero hay una frase que resume muy bien la relación entre ambos tipos de habilidades:

Los conocimientos técnicos caducan, se copian o se automatizan. Las habilidades humanas, en cambio, evolucionan, diferencian y humanizan el trabajo.

Son las que sostienen el liderazgo, la toma de decisiones, la gestión de conflictos y, en muchos casos, la propia salud mental dentro de las organizaciones.

Cada día vemos más personas con altos niveles de estrés, ansiedad o agotamiento profesional. Y muchas veces detrás de estas situaciones encontramos déficits en habilidades relacionales, emocionales o comunicativas.

Las ‘hard skills’ te contratan, pero las ‘soft skills’ te sostienen y te hacen crecer.

Cómo se construye realmente una competencia

Comprender qué es una competencia implica entender cómo se forma.

Me gusta explicarlo con una metáfora sencilla: una competencia es como una silla de cuatro patas. Si una falla, la estructura pierde estabilidad.

  1. El proceso. Las competencias no se activan de forma inmediata ni se adquieren en un curso puntual. Se desarrollan con práctica, experiencia y ajuste continuo.
  2. El contexto relacional. Las competencias no existen en aislamiento. Emergen en la interacción con otras personas y con el entorno.
  3. El aprendizaje y el desaprendizaje. No evolucionamos solo incorporando habilidades nuevas; también necesitamos soltar formas de actuar que ya no funcionan.
  4. La evaluación. Si no podemos observar cómo se manifiesta una habilidad en la práctica, entonces probablemente no estamos ante una competencia real, sino ante una intención o una autoimagen.

Una pregunta incómoda

Para terminar, quiero plantearte dos preguntas que pueden resultar incómodas, pero que son profundamente reveladoras.

¿Te consideras una persona deseable para trabajar o colaborar?

¿Sabes discrepar sin ofender?

No es necesario responder ahora. Pero te propongo un ejercicio.

Pregúntaselo a tres personas de tu entorno profesional o académico. No a tus tres mejores amigos. A personas que puedan darte una respuesta honesta.

Puede que lo que escuches te sorprenda.

Y eso está bien.

No se trata de juzgar, sino de observar. Si aparece algo que no te gusta, no es un problema: es simplemente un área de mejora que puedes decidir trabajar.

El verdadero superpoder del siglo XXI

Estamos entrando en un momento histórico fascinante.

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Será más rápida, más eficiente y más impresionante. Probablemente hará muchas cosas mejor que nosotros.

Pero hay algo que seguirá siendo profundamente humano.

  • La capacidad de gestionar nuestras emociones.
  • La coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.
  • La habilidad para inspirar a otros.
  • La capacidad de colaborar, adaptarnos y navegar en la incertidumbre.

Por eso creo que el verdadero superpoder del siglo XXI no será artificial. Será profundamente humano.

Cuando muchas tareas puedan automatizarse, lo humano será el verdadero valor estratégico.

Soft skills, inteligencia emocional y salud mental en el trabajo

Las habilidades blandas no solo influyen en la trayectoria profesional: también forman parte del cuidado de la salud mental en las organizaciones. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se pierden 12 000 millones de días de trabajo por depresión y ansiedad, con un coste aproximado de un billón de dólares en productividad. En su nota descriptiva sobre salud mental en el trabajo, la OMS recomienda formar a los mandos para que reconozcan el malestar emocional en sus equipos y desarrollen competencias interpersonales como la comunicación abierta y la escucha activa.

Trabajar las soft skills es, por tanto, una forma de cuidar tanto la carrera como las relaciones laborales. Si quieres profundizar, puedes leer nuestro artículo sobre las habilidades transversales en el ejercicio profesional y el dedicado a la escucha activa como habilidad clave para el desarrollo profesional. Y si te interesa formarte en la gestión de las emociones desde una perspectiva aplicada, puedes consultar el Máster en Terapias del Bienestar e Inteligencia Emocional.

Este artículo se basa en…

Este artículo se basa en la Masterclass “Soft skills: el superpoder humano que ninguna inteligencia artificial podrá copiar”, impartida por Janire Porroche Pérez, dentro del Programa de Actividades Extracurriculares del Instituto Raimon Gaja (iRG).

Puedes acceder al contenido completo de la conferencia en el siguiente enlace:

Janire Porroche Pérez

Escrito por

Janire Porroche Pérez

CEO de Centro Médico Sagasta

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