Hay niños que pronuncian mal un sonido porque todavía no han aprendido a colocar la lengua, y hay otros que lo pronuncian mal porque la boca con la que hablan tiene una forma distinta: un labio con una cicatriz, un paladar que no cierra bien, una mandíbula adelantada o una lengua con poca movilidad. En este segundo caso, la logopedia habla de disglosia.
En este artículo explicamos qué es la disglosia, en qué se diferencia de la dislalia y de la disartria, qué tipos de disglosia se describen, cómo se evalúa y cómo se trabaja en logopedia.
Qué es la disglosia
La disglosia es una alteración de la articulación del habla causada por anomalías anatómicas o funcionales de los órganos periféricos del habla: labios, mandíbula, dientes, lengua, paladar y fosas nasales. Su origen no es neurológico: el sistema nervioso funciona con normalidad, pero las estructuras que deben producir los sonidos presentan malformaciones, lesiones o secuelas de una cirugía.
Por eso, en muchos manuales la disglosia aparece también como dislalia orgánica. En nuestro artículo sobre la dislalia, sus tipos y cómo se trabaja en logopedia ya mencionábamos que muchos autores reservan el término disglosia para estos errores de origen anatómico, y aquí lo desarrollamos en detalle.
Las causas pueden ser congénitas, como la fisura labiopalatina o determinadas malformaciones mandibulares, o adquiridas, como traumatismos, cirugías oncológicas de la cavidad oral o parálisis periféricas.
Disglosia, dislalia y disartria: diferencias clave
Las tres afectan a la producción de los sonidos del habla, pero tienen un origen distinto y eso cambia la evaluación y el tratamiento:
- Dislalia funcional: errores de articulación sin causa orgánica que los explique. Los órganos del habla son normales y el niño no ha aprendido todavía a usarlos correctamente.
- Disglosia: errores debidos a alteraciones en la forma o en la función de los órganos periféricos del habla. La dificultad tiene una base anatómica.
- Disartria: errores causados por una lesión o alteración del sistema nervioso que afecta al control motor del habla.
Los límites no siempre son nítidos: un niño con disglosia puede desarrollar además hábitos articulatorios incorrectos, y la evaluación debe separar lo estructural de lo aprendido.
Tipos de disglosia
La clasificación más habitual en la logopedia de habla hispana ordena los tipos de disglosia según el órgano afectado:
- Disglosia labial: alteraciones de la forma, la movilidad o la fuerza de los labios, como la fisura labial (labio leporino) y sus cicatrices, un frenillo labial hipertrófico o una parálisis facial periférica. Afecta sobre todo a los sonidos bilabiales y labiodentales, como /p/, /b/, /m/ y /f/.
- Disglosia mandibular: alteraciones de la forma o el tamaño de los maxilares, como el prognatismo, la retrognatia o secuelas de traumatismos y cirugías. Suelen asociarse a maloclusiones que dificultan el contacto adecuado entre lengua, dientes y labios.
- Disglosia dental: alteraciones en la posición, el número o la forma de los dientes, incluidas la ausencia de piezas y algunas prótesis. Afecta con frecuencia a sonidos como /s/, /z/ o /f/.
- Disglosia lingual: alteraciones de la lengua, como un frenillo lingual corto (anquiloglosia), una lengua de tamaño excesivo (macroglosia), parálisis unilaterales o secuelas de una cirugía. Repercute en los sonidos que exigen elevar o desplazar la punta de la lengua, como /r/, /rr/, /l/ o /d/.
- Disglosia palatina: alteraciones del paladar duro o blando, como la fisura palatina, la fisura submucosa o un velo del paladar corto o poco móvil. Es la forma con más impacto en la resonancia de la voz.
- Disglosia nasal: alteraciones de las fosas nasales o de la nasofaringe que modifican la resonancia. Se habla de rinolalia abierta cuando escapa demasiado aire por la nariz y de rinolalia cerrada cuando una obstrucción, por ejemplo por vegetaciones adenoideas o una desviación del tabique, impide la resonancia nasal normal.
Sobre el frenillo lingual conviene precisar que no todo frenillo corto altera el habla. La decisión quirúrgica corresponde al equipo médico tras valorar la funcionalidad, con la información del logopeda sobre la movilidad lingual, el habla y la deglución.
Del mismo modo, algunas variaciones de la forma del paladar no constituyen por sí mismas una disglosia. En el artículo sobre el paladar ojival y qué puede hacer el logopeda explicamos cómo valorar esa estructura y cuándo derivar a otros profesionales.
La fisura labiopalatina: el ejemplo más estudiado
La fisura de labio y paladar es la causa de disglosia mejor documentada. Según el portal de práctica clínica de la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA) sobre fisura labial y palatina, su prevalencia mundial se estima en torno a 1 de cada 1.000 a 1.500 nacidos vivos, y puede afectar a la articulación, la alimentación y la deglución, la audición, la resonancia, el lenguaje y la voz.
La ASHA distingue dos tipos de errores del habla que resultan muy útiles para entender cualquier disglosia:
- Errores obligados: se deben directamente a la estructura, por ejemplo a una insuficiencia velofaríngea, una fístula o una maloclusión. Requieren un abordaje físico, quirúrgico, protésico u ortodóncico, y pueden resolverse sin terapia del habla cuando se corrige la estructura.
- Errores compensatorios: son patrones aprendidos que el niño desarrolla para compensar la dificultad, como producir sonidos con la glotis o la faringe en lugar de con la boca. Se tratan con logopedia y pueden persistir incluso después de una cirugía con buen resultado.
Otros signos característicos son la hipernasalidad, el escape de aire nasal y una presión intraoral débil en las consonantes que la necesitan. El mismo documento señala que el abordaje debe ser interdisciplinar, con un equipo que incluya como mínimo cirujano, ortodoncista y logopeda, y recomienda vigilar la audición, porque estos niños tienen mayor riesgo de otitis con efusión.
En la disglosia, la anatomía explica una parte del problema, pero no todo: lo que el niño aprende a hacer para compensarla también necesita intervención.
Cómo se evalúa la disglosia
La evaluación logopédica de la disglosia combina la exploración de las estructuras con el análisis del habla. Suele incluir:
- Historia clínica: antecedentes, cirugías, ortodoncia, alimentación y otitis de repetición.
- Exploración anatómica y funcional de labios, lengua, dientes, oclusión, paladar duro, velo del paladar y fosas nasales, en reposo y en movimiento.
- Valoración de las funciones orofaciales: respiración, deglución, masticación y sellado labial.
- Análisis de la articulación: qué sonidos están afectados, en qué posiciones y de qué tipo son los errores, distinguiendo los obligados de los compensatorios.
- Resonancia y voz: presencia de hipernasalidad, hiponasalidad o escape nasal.
- Audición e inteligibilidad: cribado auditivo y estimación de cuánto se entiende el habla en distintos contextos.
Cómo se trabaja la disglosia en logopedia
La intervención depende del tipo de disglosia, de la edad y del momento del tratamiento médico, pero comparte algunos principios:
- Coordinación con el equipo: en la fisura labiopalatina, la ASHA indica que la reparación del labio suele hacerse en los primeros seis meses y la del paladar, habitualmente, antes de los doce meses. Las correcciones de la maloclusión que requieren cirugía suelen esperar a que termine el crecimiento. El logopeda ajusta sus objetivos a ese calendario.
- Trabajo articulatorio directo: enseñar el punto y el modo de articulación correctos de cada sonido, con apoyo visual, táctil y auditivo, y generalizarlos a sílabas, palabras, frases y conversación.
- Eliminación de los patrones compensatorios: sustituir progresivamente las producciones glóticas o faríngeas por articulaciones orales cuando la estructura ya lo permite.
- Funciones orofaciales: cuando hay alteraciones de la respiración, la deglución o el sellado labial, la terapia miofuncional en logopedia puede formar parte del plan.
- Implicación de la familia: pautas para practicar en casa sin centrar la atención en los errores.
Un matiz importante: los ejercicios orales sin habla, como soplar, sonreír o hacer praxias aisladas, no sustituyen el trabajo articulatorio. La ASHA los describe como un enfoque controvertido en la fisura palatina, y una revisión Cochrane de Lee y Gibbon (2015) sobre niños con trastornos de los sonidos del habla de origen evolutivo concluyó que no hay evidencia sólida de que sean eficaces, ni solos ni como complemento de la terapia del habla. Aunque esa revisión no se centró en la disglosia, refuerza la idea de que la práctica debe centrarse en el propio habla.
Cuándo consultar con un logopeda
Conviene pedir una valoración logopédica si un niño o un adulto:
- tiene una fisura labiopalatina u otra malformación orofacial, incluso antes de que empiece a hablar;
- presenta una voz muy nasal, escape de aire por la nariz al hablar o dificultad para producir consonantes como /p/, /t/ o /k/;
- mantiene errores de articulación después de una cirugía o de un tratamiento de ortodoncia;
- ha sufrido un traumatismo o una cirugía en la boca, la lengua o la mandíbula y nota cambios en el habla.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una evaluación individual.
Una mirada interdisciplinar sobre el habla
El habla depende tanto de cómo está construida la boca como de cómo aprendemos a usarla. Distinguir los errores obligados de los compensatorios, coordinarse con cirugía, ortodoncia y otorrinolaringología y centrar la terapia en el habla son las claves de una intervención eficaz.
Si quieres profundizar en la evaluación y la intervención en los trastornos del habla y de las funciones orofaciales, el Máster Universitario Oficial en Neurologopedia del Instituto Raimon Gaja incluye asignaturas sobre anatomofisiología del sistema naso-oro-laríngeo y trastornos del habla, además de contenidos de terapia oral miofuncional.





