30 de junio. Barcelona arde bajo la primera ola de calor del verano. El equipo de iRG espera con expectación la llegada de los alumnos al Campus de Verano, que este año se celebraba en el centro TBS Education, uno de los mejor equipados de la Ciudad Condal. Los últimos preparativos se afinan con diligencia. El Campus iRG abrirá sus puertas por tercera vez y todo tiene que estar perfecto.
Empiezan a llegar los alumnos. Son más de 184 presenciales procedentes de 19 países. La mayoría son jóvenes. Con muchas ganas de aprender y de vivir la experiencia. Se oyen las primeras risas y muchos acentos distintos del otro lado del Atlántico. Se nota que hay expectación. Algunos se muestran algo tímidos. No conocen a nadie. En un par de días, todos serán amigos, muchos de ellos probablemente para siempre. Algunos incluso se ayudarán mutuamente a construir su carrera profesional.
Se abren las puertas del Salón de Actos y empieza el discurso de bienvenida.
Fermín Carrillo, director de Relaciones Internacionales, inaugura el acto con una mezcla justa de entusiasmo y solemnidad. Saluda, agradece, presenta. Da voz a los que están en la sala y a los 178 alumnos que siguen el acto en streaming, y que, aunque lejos físicamente, son parte esencial del campus. También reconoce públicamente el inestimable apoyo de las 38 universidades e instituciones de Europa y Latinoamérica “que nos han ayudado tanto a que este evento sea un éxito”; y saluda a las autoridades presentes, grandes expertos que todos los días, de 7 a 8 de la tarde, y aprovechando su estancia en el Campus de iRG “nos ofrecerán una conferencia magistral como cierre de jornada”. Por último, Carrillo presenta al equipo de iRG encargado de velar por el bienestar de los asistentes y para que el Campus se desarrolle con la precisión de un reloj suizo.
A continuación, sale al estrado Raimon Gaja, fundador y director de iRG. Desde el principio habla desde el corazón, como quien siente cada palabra que dice. Agradece, sí, pero también reta. Invita. Celebra el coraje de los alumnos de estudiar en verano, de cruzar océanos, de invertir en uno mismo. Tiene más de 40 años dedicados a la formación en psicología, y cuando habla, no hay duda: este hombre ama lo que hace. Y cree profundamente en quienes vienen detrás. Se nota que sueña con que este grupo no solo aprenda, sino que también continúe, transforme, trascienda, y tome el relevo “cuando los de mi generación ya no podamos hacerlo”.
El siguiente en hablar es Francisco Santolaya Ochando, Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España (COP), y uno de los grandes pesos pesados de la Psicología, reconocido por su destacada dedicación a la promoción y defensa de la Psicología en España. Santolaya, que no pudo asistir al evento, dirige un saludo grabado a los asistentes, destacando la figura del fundador de iRG, como “la persona que más ha luchado por el desarrollo de la formación de posgrado en el ámbito privado en España”, subrayando con su prestigio personal la calidad formativa de la propuesta de iRG.
Y, justo cuando parecía que el acto tocaba a su fin, llegó la sorpresa.
Una ‘partyconferencia’.
Así, con ese nombre que suena algo raro, pero pronto cobra todo el sentido. El Dr. Carlos Hue, con más de 70 años y un espíritu que se ríe del calendario, sube al escenario como si estuviera en casa. Psicólogo, pedagogo, doctor en Ciencias de la Educación, Cruz de Calasanz al Mérito Educativo… pero, sobre todo, un comunicador nato. En minutos, hace que nos riamos, nos movamos y que conectemos. No con ideas abstractas, sino con las personas. Nos habla de competencias blandas, de inteligencia emocional, de cómo la educación ya no va de acumular datos, sino de crear, de participar, de ser, de vivir. “Porque estamos aquí para transformar el mundo”.
Hue no da una charla: nos regala una experiencia. Y todos (hasta los más escépticos) terminamos sonriendo, participando, entendiendo. Si esto es solo el principio, qué no nos espera en el resto del diplomado. ¡Qué ganas de empezar!
El III Campus de iRG se compone de 5 diplomados: desde habilidades directivas hasta neuroeducación, desde terapias de tercera generación hasta liderazgo y lenguaje. Los contenidos, de primer nivel. Los ponentes, los mejores. Pero eso ya lo sabemos, porque el equipo que hay detrás lleva más de 25 campus organizados y tiene gran experiencia. Lo que no sabíamos era la energía que se respiraría, el cruce de historias personales, los vínculos que ya comienzan a gestarse.
Porque, al final, esto no es solo un campus. Es un viaje compartido. Y los viajes, si se viven bien, no terminan donde acaban las clases.
La inauguración ha sido tan ágil y divertida que casi me olvido del calor. Y al observar cómo los alumnos salen en grupos rumbo a sus aulas, con esa mezcla de ilusión y expectación, me digo a mí misma que este campus va a dejar huella.
Empieza algo grande. ¡Seguiré informando!





