Un hombre que acaba de sufrir un ictus mira la taza que tiene delante. Ve su color, su tamaño y el asa, puede copiar su forma en un papel, pero no sabe qué es. En cuanto la toca, o en cuanto oye el ruido de la cucharilla, la reconoce sin dudar. Su vista funciona y su memoria también. Lo que ha fallado es otra cosa: la capacidad de dar significado a lo que percibe. Esa alteración tiene nombre en neuropsicología: agnosia.
En este artículo explicamos qué es la agnosia, qué tipos se describen, entre ellos la agnosia visual y la prosopagnosia, por qué se produce y cómo se evalúa e interviene desde la neuropsicología clínica.
Qué es la agnosia
La agnosia es un trastorno del reconocimiento: la persona no puede identificar objetos, personas, sonidos o formas a través de un sentido concreto, aunque ese sentido funcione con normalidad y aunque conserve la memoria, la atención y el lenguaje necesarios para hacerlo. Así lo define la revisión clínica de StatPearls, publicada en la biblioteca del National Center for Biotechnology Information (NCBI), que la describe como un trastorno poco frecuente: menos del 1 % de los pacientes neurológicos presenta una agnosia.
El término lo propuso Sigmund Freud en 1891, en su monografía sobre las afasias, a partir del griego a-gnosis, «sin conocimiento». Poco antes, en 1890, el neurólogo Heinrich Lissauer había descrito a un paciente que veía pero no reconocía lo que veía, lo que entonces se llamaba «ceguera psíquica».
Dos aclaraciones ayudan a delimitar el concepto:
- No es un problema sensorial. Si una persona no reconoce un objeto porque tiene cataratas o una neuropatía, no hablamos de agnosia.
- No es un problema de nombrar. En la anomia, la persona sabe qué es el objeto, puede explicar para qué sirve, pero no encuentra la palabra. En la agnosia falla el reconocimiento en sí, y por eso suele mejorar cuando se cambia de canal sensorial.
En la agnosia los sentidos informan correctamente, pero el cerebro no consigue convertir esa información en conocimiento sobre lo que se tiene delante.
Agnosia aperceptiva y agnosia asociativa
La distinción clásica, que se remonta a Lissauer, separa dos formas de agnosia según el punto del procesamiento en el que se rompe el reconocimiento:
- Agnosia aperceptiva: el fallo está en las primeras etapas de la percepción. La persona no consigue integrar los rasgos del estímulo en una forma coherente, de modo que tiene dificultades para copiar un dibujo o emparejar dos objetos iguales.
- Agnosia asociativa: la percepción está razonablemente preservada, pero no se conecta con el conocimiento almacenado. La persona puede copiar o emparejar el objeto y, aun así, no saber qué es ni para qué sirve.
Esta diferencia no es solo teórica. Orienta la evaluación, porque las pruebas de copia y emparejamiento ayudan a situar el problema, y orienta también la intervención.
Tipos de agnosia según el sentido afectado
Los tipos de agnosia se clasifican habitualmente según la modalidad sensorial implicada. Las tres grandes familias son la visual, la auditiva y la táctil.
Agnosia visual
La agnosia visual es la más frecuente y la mejor estudiada. Consiste en no reconocer por la vista objetos que sí se identifican por el tacto o por el sonido, con agudeza, campo visual y visión del color conservados. A veces afecta más a unas categorías que a otras, por lo que la evaluación debe incluir estímulos variados. Dentro de este grupo se describen formas específicas, como la dificultad para percibir varios elementos de una escena a la vez (simultagnosia) o para reconocer colores.
Prosopagnosia o ceguera para las caras
La prosopagnosia es la dificultad para reconocer rostros. La persona ve los rasgos con normalidad, pero las caras le resultan difíciles de distinguir, a veces incluso las de familiares o la suya propia, y tiende a reconocer a los demás por la voz, el peinado o la forma de caminar. Según la información del Servicio Nacional de Salud británico (NHS) sobre la prosopagnosia, la forma más habitual es la del desarrollo, presente desde la infancia y a veces con antecedentes familiares; la forma adquirida puede aparecer tras un ictus, un traumatismo craneoencefálico, una encefalitis o en la enfermedad de Alzheimer. El NHS señala también que puede afectar a las relaciones, al trabajo y a la salud mental.
Agnosia auditiva
En la agnosia auditiva la audición está preservada, pero la persona no reconoce el significado de los sonidos: no identifica una tos, un timbre o el ladrido de un perro. Puede limitarse a los sonidos ambientales, afectar a la música o dificultar el reconocimiento de voces conocidas.
Agnosia táctil
En la agnosia táctil, o astereognosia, la persona siente el contacto, la textura y la temperatura, pero no reconoce un objeto solo con el tacto, por ejemplo una llave dentro de un bolsillo, aunque lo identifique en cuanto lo ve.
Conviene no confundir estas formas con la anosognosia, un término cercano que designa la falta de conciencia del propio déficit, por ejemplo de una parálisis o de un problema de memoria, y que complica la rehabilitación porque el paciente no percibe que necesite ayuda.
Causas: por qué se produce una agnosia
La agnosia aparece cuando se lesionan las vías que conectan las áreas sensoriales primarias con las regiones donde se integra y se interpreta la información. La revisión de StatPearls sitúa estas lesiones habitualmente en las regiones occipitotemporales y en la corteza parietal posterior.
Entre las causas descritas figuran:
- El ictus, que provoca un inicio brusco. Por eso es importante actuar con rapidez ante sus señales, como explicamos en nuestro artículo sobre el accidente cerebrovascular.
- Los traumatismos craneoencefálicos, los tumores y las infecciones cerebrales.
- La hipoxia y algunos tóxicos, como la intoxicación por monóxido de carbono.
- Las enfermedades neurodegenerativas, en las que el inicio es progresivo.
- Los trastornos del desarrollo, como en la prosopagnosia del desarrollo.
En las demencias, las dificultades de reconocimiento suelen aparecer junto a otros síntomas cognitivos y su evolución exige revisiones periódicas, un aspecto que tratamos en el artículo sobre el valor del seguimiento neuropsicológico en la enfermedad de Alzheimer.
Cómo se evalúa la agnosia en neuropsicología
El diagnóstico de la agnosia es clínico. Se apoya en la historia del paciente, la exploración neurológica y una evaluación neuropsicológica con pruebas estandarizadas. El primer objetivo es descartar otras explicaciones: un problema de visión o de audición no detectado, una afasia, un déficit de atención, unas instrucciones mal entendidas o, sencillamente, que el estímulo sea desconocido para esa persona.
A partir de ahí, la exploración suele recorrer varios pasos:
- Comprobar la percepción básica en la modalidad afectada: agudeza, campo visual, discriminación de formas o audición.
- Valorar la percepción de la forma mediante tareas de copia, emparejamiento y discriminación, para distinguir entre agnosia aperceptiva y asociativa.
- Explorar el reconocimiento y el acceso al significado: denominar, describir el uso, clasificar por categorías o reconocer el mismo objeto por otro canal sensorial.
- Estudiar dominios específicos cuando hay sospecha concreta, como el reconocimiento de caras, colores, escenas o sonidos.
En la práctica se utilizan baterías como la Visual Object and Space Perception Battery (VOSP) o la Birmingham Object Recognition Battery (BORB) y, para los rostros, pruebas como el Cambridge Face Memory Test. Ninguna prueba aislada basta: el valor de la evaluación está en integrar los resultados con la observación clínica y con lo que cuentan el paciente y su familia.
Intervención y vida diaria
No existe un tratamiento que haga desaparecer la agnosia de forma directa. En las formas adquiridas, el abordaje combina el tratamiento de la causa médica con una rehabilitación neuropsicológica centrada en la funcionalidad. Algunas líneas habituales son:
- Aprovechar los canales sensoriales preservados, por ejemplo tocar un objeto o escuchar la voz de una persona.
- Entrenar estrategias compensatorias, como fijarse en rasgos distintivos o describir verbalmente lo que se ve.
- Adaptar el entorno con objetos en lugares fijos, etiquetas o claves de color.
- Ofrecer psicoeducación a la familia y al entorno laboral o escolar.
En el caso de la prosopagnosia, el NHS propone medidas sencillas: avisar de la dificultad a las personas con las que se trata, pedir que se presenten al saludar y apoyarse en la voz, la ropa o los complementos. Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Ante dificultades de reconocimiento que aparecen de forma brusca, como en un posible ictus, hay que acudir a urgencias.
Reconocer el mundo no es solo percibirlo
La agnosia muestra que percibir y reconocer son procesos distintos. Cuando se rompe el puente entre ambos, la persona ve, oye o toca con normalidad, pero no puede dar sentido a lo que percibe. Identificar el tipo de agnosia, diferenciarla de otros trastornos y valorar su impacto en la vida diaria es una tarea propia de la neuropsicología clínica, que exige conocer bien la semiología y saber elegir e interpretar las pruebas.
Si quieres profundizar en la exploración de estos síndromes, el Máster en Evaluación Neuropsicológica del Instituto Raimon Gaja aborda la semiología de afasias, amnesias, agnosias, apraxias y funciones ejecutivas.





